"Un antojo exquisito" - La realidad tras la recolección de fresones
En el artículo titulado “Un antojo exquisito” publicado el 3 de febrero de 2006 en La Voz Digital, se retrata el arduo trabajo diario de los agricultores dedicados al cultivo de fresas en Conil. Manuel Pérez Guzmán, uno de los más de 50 agricultores involucrados, detalla las dificultades del campo: labores como levantar plásticos de invernadero, limpiar pasillos y mantener la calidad del fruto pueden pasar factura físicamente, especialmente a la espalda y los riñones.
Desde fincas de apenas 2.000 m², en las que utilizan plásticos acolchados para proteger las fresas del frío y permitir su respiración, los productores deben cuidar cada fase del cultivo. Además, alertan sobre la disparidad con el precio final: “El precio que paga el consumidor es el doble o más del que nosotros ganamos y eso se lo llevan los intermediarios.”
La cooperativa juega un papel esencial: sus técnicos supervisan periódicamente cada plantación para garantizar los estándares de calidad. Así, el fresón de Conil no solo destaca por su sabor, sino también por la dedicación que hay detrás de cada fruto.
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